miércoles, 14 de junio de 2017

The Legend of Sergio 2 - Capítulo 29

Sergio, Nelly Y Rubí iban a adentrarse en la cueva, pero les rodearon cuatro Neosombras.
Rubí: Vamos a por ellas, Sergio.
Sergio: Vale.
Una de las Neosombras intentó arañar a Sergio, pero éste se protegió y la derrotó. Otra de ellas se ocultó en un charco oscuro y salió a la superficie provocando una onda de choque, pero la esquivó saltando y la derrotó de seis espadazos. Entretanto,Rubí había vencido a las dos que la habían atacado.
Rubí: ¿Qué eran esas cosas? No las había visto nunca.
Sergio: Eran Neosombras. Las combatí hace seis meses.
Rubí: Seis meses... ¿Tú no serás por casualidad el héroe de Términa del que tanto hablan las leyendas?
Sergio: Sí, soy yo. ¿Cómo lo has sabido?
Rubí: Hombre, no es usual ver a un niño de... ¿Cuántos años tienes?
Sergio: Diez.
Rubí: Normalmente a un niño de 10 años no se le ocurre venir aquí, y muchos menos enfrentarse con las criaturas que hay aquí.
Sergio, Nelly y Rubí se adentraron en la cueva. Sergio sacó su arco, disparó una flecha contra un ojo interruptor que había arriba y se abrió una puerta. Se dirigieron a ella y accedieron a la siguiente sala, en la que había un Bandido Lunar.
Sergio: ¿Qué es eso?
Nelly: Es un Bandido Lunar. Se mueve muy rápido, por lo que es bastante difícil de derrotar. Procura bloquear sus ataques y atácale.
Rubí: Dejadme este a mí.
Rubí se acercó al Bandido Lunar y le atacó, pero éste la esquivó. Acto seguido el Bandido Lunar la atacó, pero ésta se protegió con sus sables.
Sergio: Madre mía si se mueve rápido.
Nelly: Sí. La razón de que Rubí no pueda con él es que ambos son igual de hábiles.
Un rato después...
Rubí atacó al Bandido Lunar, pero éste contraatacó y la derribó.
Sergio: ¡No!
El Bandido Lunar iba a atacar a Rubí, pero Sergio se interpuso y le bloqueó con el escudo. Acto seguido le dio nueve espadazos y le derrotó. Acto seguido se abrió la puerta que había delante de ellos.
Rubí: Gracias Sergio.
Sergio: No hay de qué. Venga, sigamos.
Rubí se levantó y ella, Sergio y Nelly accedieron a la siguiente sala, en la que había plataformas con antorchas que subían y bajaban, además de algunos Keese de Fuego.
Rubí: ¿Cómo vamos a encender esas antorchas si no hay fuego?
Sergio: No te preocupes, déjamelo a mí.
Nelly: ¡Cuidado, ahí vienen los Keese de Fuego!
Sergio y Rubí sacaron sus espadas y derrotaron a los Keese de Fuego.
Sergio: Ya está, ahora a encender las antorchas.
Sergio sacó su arco, disparó la Flecha de Fuego contra las antorchas y la puerta que había al otro lado se abrió.
Rubí: Vaya, de modo que posees las Flechas Mágicas... En fin, sigamos adelante.
Sergio, Rubí y Nelly llegaron al otro lado y accedieron a la siguiente sala, en la que había dos Bandidos Lunares.
Rubí: ¿Estás listo, chico?
Sergio: Claro que sí.
Uno de los Bandidos Lunares se acercó a Sergio y le atacó, pero éste se protegió, le derribó y le dio tres espadazos. Entonces el Bandido Lunar se levantó y Sergio le atacó, pero logró esquivar sus ataques. Entonces hizo un ataque aéreo a Sergio, pero éste lo esquivó y le dio tres espadazos. Entonces el Bandido Lunar lanzó una de sus espadas a Sergio, pero éste se protegió, se acercó a él, le dio tres espadazos y le derrotó. Mientras, Rubí consiguió derrotar al otro Bandido Lunar y la puerta que había delante se abrió. Los tres accedieron a la siguiente sala, donde había una palanca.
Nelly: ¿Esa palanca es para abrir la puerta del desierto?
Rubí: Sí.
Rubí movió la palanca y la puerta que conducía al Desierto Gerudo se abrió.
Rubí: Listo, ya se puede ir al desierto.
Sergio, Nelly y Rubí salieron de la cueva y se dirigieron al desierto.
Mientras tanto, en la entrada del templo...
Lexaeus: Se acercan esos dos. A ver si consiguen llegar.
Lexaeus extendió su mano derecha y salió arena de ella hacia el desierto.
Volviendo con Sergio, Nelly y Rubí...
Rubí: ¡Viene la arena, tapaos los ojos!
Los tres se taparon los ojos con los brazos.
Sergio: ¿Adónde tenemos que ir?
Rubí: Tenemos que ir a una casita. Allí hay alguien que nos ayudará a llegar al templo.
Nelly: ¿Y de quién se trata?
Rubí: No lo sé, es la primera vez que cruzo este desierto.
Sergio: ¿Y cómo avanzamos con esta tormenta de arena?
Rubí: ¿Veis esas banderas?
Nelly: Sí.
Rubí: Nosotros las hicimos para poder avanzar por el desierto. Si las seguimos no nos perderemos.
Sergio, Nelly y Rubí avanzaron siguiendo las banderas y llegaron a la casita.
Sergio: ¿Esta es la casita que mencionabas?
Rubí: Sí.
Sergio, Nelly y Rubí entraron a la casita y los recibió un Gerudo con el pelo de color rojo.
Gerudo: Vaya, hola Rubí. ¿Y vosotros sois...?
Sergio: Yo soy Sergio, y ella es mi hada Nelly.
Gerudo: Encantado de conoceros. ¿Qué habéis venido a hacer aquí?
Sergio: Estamos aquí para acceder al templo y derrotar al tipo de negro que se apoderó de él.
Gerudo: ¿Tú? ¿En serio?
Rubí: Sí, es más fuerte de lo que aparenta. Es el que salvó Términa hace seis meses.
Gerudo: Así que eres ese chico del que tanto hablan las leyendas... En ese caso la cosa cambia.
Nelly: ¿Y tú qué haces en este sitio?
Gerudo: Un día fui en dirección al Templo Gerudo, pero se levantó una tormenta de arena como la de hoy y no pude avanzar. Sin embargo vi esta casa de lejos, me acerqué y al ver que estaba desocupada pues me quedé aquí dentro.
Rubí: ¿Y para qué querías ir al templo?
Gerudo: Para explorarlo. Tenía curiosidad por saber qué se escondía allí dentro.
Nelly: ¿Tenías?
Gerudo: Bueno, aún la tengo. Pero el problema ya no es sólo las tormentas de arena, sino también unas cosas blancas muy raras.
Sergio: Sí, ya las hemos visto en la fortaleza.
Gerudo: Entonces ya sabrás lo fuertes que son. Vamos, que si ya de por sí es difícil avanzar, imagínate con esas cosas blancas.
Nelly: Pues hasta ahora no hemos visto ninguna.
Gerudo: Claro, porque aparecen cuando ya has pasado esta casa. A propósito, ¿vosotros sabéis por qué siempre que alguien entra al desierto se produce una tormenta de arena?
Rubí: Ni idea, pero precisamente por eso quiero ir al templo, para averiguar lo que está pasando. Sin embargo, sospecho que estas tormentas de arena son provocadas por alguien.
Sergio: No sé quién puede ser y qué fuerza tiene, pero estoy convencido de que podremos con él.
Rubí: Muy bien Sergio, así se habla.
Gerudo: ¿Os vais ya?
Rubí: Sí.
Gerudo: Recordad lo que os he dicho: Mucho cuidado con las cosas blancas que os aparecerán más adelante y también con las arenas movedizas.
Sergio: Está bien, hasta la próxima.
Sergio, Nelly y Rubí salieron de la casa y avanzaron por el desierto, en el cual seguía la tormenta de arena. Entonces aparecieron dos Umbríos delante de ellos.
Rubí: Yo me encargo de uno de ellos. Tú derrota al otro.
Sergio: Está bien.
Rubí sacó sus espadas y derrotó a uno de los Umbríos fácilmente. Mientras tanto el otro intentó lanzar a Sergio por los aires, pero éste se protegió y le dio tres espadazos. Acto seguido el Umbrío se elevó y atacó a Sergio con sus brazos, pero éste se protegió, le dio tres espadazos más y le derrotó.
Rubí: Bien, sigamos.
Sergio y Rubí siguieron avanzando. Derrotaron a los enemigos que aparecieron y finalmente salieron de la zona de la tormenta de arena.
Nelly: Menos mal, por fin hemos salido de ahí.
Rubí: Mira, ese es el templo.
Sergio: Pues vamos para allá.
Sergio, Nelly y Rubí llegaron a la entrada templo, pero allí apareció Lexaeus.
Continuará...

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